En octubre de 1947, los pilagás fueron rodeados por persoal de Gendarmería Nacional con la excusa de que se estaba por “levantar una indiada” y debían protegerlos. La etnia pilagá los recibió con un unánime reclamo: atención médica y comida, porque la hambruna los estaba llevando a la muerte. La respuesta fueron balas y la sepultura del genocidio durante 58 años, donde se estima que murieron más de 700 integrantes de la tribu.
El hambre obligaba a los pilagás a caminar kilómetros de Formosa a Salta para trabajar en ingenios azucareros como mano de obra barata, y los grandes productores se aprovechaban de esa situación. Pero sus rituales musicales nocturnos en homenaje a los integrantes de su comunidad que iban muriendo por las malas condiciones de alimentación y sanitarias comenzaron a molestar a los vecinos, tanto del pueblo como a la Gendarmería.

r. Las huellas de este paso inolvidable por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.